Conoce cómo el amb S.A. ESP ha evolucionado desde sus primeros hitos hasta convertirse en una entidad que planifica el largo plazo. A través de una línea de tiempo, el plan de expansión y una mirada al ayer y hoy, esta sección muestra cómo la experiencia, la infraestructura y la innovación se integran para garantizar el agua de las próximas décadas. Una visión de futuro construida sobre 110 años de historia.

Antes de abrir la llave -como lo hacemos hoy-, los bumangueses debían recorrer largas distancias para conseguir una sola gota de agua. Esta es la crónica de una ciudad que aprendió a cargarla a cuestas y que, 110 años después, disfruta del legado que le dejaron sus abuelos.

En Bucaramanga, el agua no siempre fue un gesto cotidiano de abrir la llave. Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que cada gota implicaba un trayecto, un esfuerzo y una historia. Hace 110 años, en 1916, comenzó a escribirse un capítulo distinto, pero, para entenderlo, hay que retroceder a una ciudad de calles irregulares, donde la sed marcaba el ritmo de la vida.

Antes de las tuberías, el agua no llegaba: se escudriñaba y se conquistaba. Había que buscarla en nacimientos dispersos, escudriñar la tierra y cargarla como un tesoro. En lugares como Las Chorreras de Don Juan, La Rosita o La Guacamaya, el líquido brotaba silencioso, como si guardara un secreto antiguo que solo algunos sabían descifrar.

Alrededor de esas fuentes se organizó una economía elemental, pero eficaz. Hombres curtidos por el sol llenaban barriles de madera con precisión casi ritual. No era solo un oficio: era una responsabilidad vital. De ellos dependía que la ciudad bebiera, cocinara, lavara y siguiera existiendo.

Así nació el ingenioso y memorable sistema de las “Tres B”: burro, barril y bobito. Tres palabras que resumían toda una logística urbana. El burro, paciente y sabio en su andar, conocía cada pendiente de la ciudad. El barril protegía el agua como un cofre humilde. Y el “bobito”, lejos de ser ingenuo, era el verdadero estratega.

El aguador —ese “bobito” mal nombrado— sabía quién necesitaba agua, quién podía pagar y quién debía esperar. Administraba rutas, tiempos y clientes con una lógica empírica que hoy podría llamarse emprendimiento. Era, sin saberlo, el gerente de un sistema informal que mantenía viva a Bucaramanga.

No era un servicio oficial, pero sí indispensable. Tampoco era moderno, aunque funcionaba con precisión sorprendente. Y, desde luego, había que pagar por ese servicio. El agua, además de calmar la sed, organizaba la economía doméstica y marcaba profundas diferencias sociales.

Bañarse, por ejemplo, no era un hábito diario, sino un privilegio ocasional. Muchas familias apenas podían acceder al agua necesaria para lo básico. El costo mensual podía equivaler al salario completo de un empleado, lo que convertía cada uso en una decisión calculada.

Las escenas cotidianas tenían algo de teatro popular. Frente a la parroquia de San Laureano, los burros cargados avanzaban entre voces, regateos y saludos. Los barriles húmedos brillaban bajo el sol, mientras los aguadores tejían, sin saberlo, una red social alrededor del agua.

En ese paisaje también se construyeron vínculos humanos. Personajes como don José Pisa, con sus tres burros inseparables, no solo distribuían agua: llevaban noticias, compañía y una forma de cercanía que hoy parece lejana. Su recorrido era también un hilo que conectaba barrios y vidas.

Y, cerca de las fuentes, las lavanderas convertían el trabajo en comunidad. Doña Carmen, doña Sabina y tantas otras encontraban en el agua no solo sustento, sino un espacio de encuentro. Entre risas, tabaco y conversación, el oficio se volvía también un acto colectivo.

Pero la ciudad crecía y, con ella, la urgencia de un sistema más eficiente. Fue entonces cuando, en 1916, el padre José de Jesús Trillos dio un paso decisivo. Con apenas 600 pesos y una idea clara, impulsó la creación de la Compañía Anónima del Acueducto de Bucaramanga.

Aquel gesto marcó el inicio de la modernización. No fue un cambio inmediato ni sencillo. Durante años coexistieron dos mundos: el de las zanjas abiertas para nuevas tuberías y el de los aguadores que seguían recorriendo las calles con su sistema ancestral.

Hacia 1921, las primeras tuberías domiciliarias comenzaron a instalarse, especialmente en sectores como la plazuela Waterloo. Era el inicio de una transformación silenciosa, pero profunda. El agua empezaba, por fin, a llegar sin intermediarios.

Con el tiempo, aquella compañía inicial evolucionó hasta convertirse en el actual Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, una empresa de carácter mixto que hoy abastece no solo a la ciudad, sino a toda su área metropolitana.

Las fuentes también cambiaron. De los nacimientos dispersos se pasó a sistemas más complejos, con plantas de tratamiento que captan el agua de ríos como el Tona, Suratá y Frío. La ingeniería reemplazó al instinto, pero no borró del todo la memoria.

Hoy, abrir un grifo es un acto automático, casi invisible. Sin embargo, detrás de ese gesto hay más de un siglo de historia, de esfuerzos acumulados y de soluciones ingeniosas. El agua ya no camina la ciudad, pero alguna vez tuvo rostro, nombre y oficio.

Y, aunque el progreso ha cubierto de concreto las huellas del pasado y su historia hoy cumple 110 años, el recuerdo del acueducto de las Tres B sigue vivo. Es una memoria que resiste, como el paso firme de un burro en calle empedrada, recordando que antes de la tecnología hubo ingenio y que, antes de la comodidad, hubo lucha por cada gota.

El Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (amb) S.A. E.S.P. trazó una hoja de ruta clara para garantizar el abastecimiento de agua potable en Bucaramanga, Floridablanca y Girón durante los próximos 50 años. Se trata del Plan Maestro de Acueducto (2025-2050), un instrumento técnico y estratégico que articula crecimiento urbano, sostenibilidad y modernización del sistema.

Este plan proyecta la expansión del servicio con base en la capacidad de las fuentes hídricas actuales —Tona, Suratá y Frío— y el respaldo del Embalse de Bucaramanga, asegurando cobertura total, continuidad 24 horas y confiabilidad en la prestación.

La iniciativa responde directamente al crecimiento poblacional y a los planes de ordenamiento territorial, integrando nuevas infraestructuras como conducciones, tanques, estaciones de bombeo y la ampliación de plantas de tratamiento, junto con la optimización de redes existentes.

El Plan Maestro se ejecuta en tres fases que permiten acompañar el desarrollo del área metropolitana de manera progresiva.

En el corto plazo (0 a 5 años), fase actual, el amb S.A. E.S.P. avanza en la ampliación de cobertura en el occidente de Girón, sectores de Bucaramanga y Floridablanca que hoy se abastecen mediante pilas públicas, y zonas en desarrollo como el Valle de Mensulí. También contempla la llegada del servicio a áreas rurales como Vijagual, Villaluz, Villa Carmelo y El Nogal. Esta etapa vinculará cerca de 28 mil nuevos suscriptores, con una inversión aproximada de 146 mil millones de pesos.

En el mediano plazo (6 a 10 años), se proyecta la construcción de tanques, redes primarias y nuevos distritos hidráulicos, especialmente en Girón y sectores estratégicos de Floridablanca como Valle de Aranzoque y Ruitoque Bajo, así como la expansión hacia el norte de Bucaramanga. Esta fase sumará más de 76 mil nuevos usuarios, con inversiones cercanas a los 373 mil millones de pesos.

A largo plazo (más de 11 años), el desarrollo estará marcado por la consolidación de infraestructura asociada al Embalse de Bucaramanga, especialmente en Girón, con nuevos distritos hidráulicos, tanques y redes. Se prevé la vinculación de más de 17 mil suscriptores, con una inversión superior a los 82 mil millones de pesos.

Uno de los principales impactos del plan será la cobertura del 100% en el área de prestación del servicio, incluyendo la vinculación de 121 mil nuevos suscriptores y el fortalecimiento del servicio para los más de 325 mil usuarios actuales.

El amb S.A. E.S.P. también avanzará en la individualización del servicio en sectores que hoy dependen de pilas comunitarias, especialmente en zonas de Girón y áreas periféricas de Bucaramanga y Floridablanca, lo que permitirá mejorar la calidad, reducir pérdidas y optimizar la facturación.

Además, el plan facilita el crecimiento urbano planificado, habilitando nuevas zonas residenciales e industriales en sectores como el Valle de Mensulí, el Valle del Río Frío y las áreas de expansión en Girón.

Actualmente, el amb S.A. E.S.P. ejecuta obras clave como el bombeo y el tanque Angelinos, la conducción a Colorados y la conexión hacia el tanque Ferrovías en el norte de Bucaramanga. Paralelamente, avanza en diseños para la conexión Ferrovías-Girón y las redes de expansión en Mensulí.

La inversión total proyectada supera los 600 mil millones de pesos, destinada a garantizar infraestructura suficiente para responder a la demanda futura.

El Plan Maestro establece metas claras: cobertura total, continuidad del servicio 24 horas, calidad del agua con IRCA menor al 1% y eficiencia con índices de pérdidas controlados.

La reducción del Índice de Agua No Contabilizada será posible gracias a la formalización de usuarios, la disminución de conexiones irregulares y la incorporación de nuevas tecnologías de medición y control en tiempo real.

Con materiales de última tecnología y sistemas de monitoreo hidráulico, el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga fortalece un modelo de gestión eficiente, sostenible y preparado para los retos del crecimiento urbano.