Bienvenida la Ley Ana Cecilia Niño

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«Tal como fue aprobada la ley, contiene, en relación con el asbesto, el término prohibir, lo que implica que tal material no podrá producirse, comercializarse, usarse ni exportarse»

Cerca de 12 años demandó la tarea de decenas, luego cientos y finalmente miles de colombianos que de todas las formas posibles pidieron y después exigieron al Congreso de la República tramitar y aprobar una ley que prohibiera el asbesto en Colombia.
La iniciativa legislativa, que cada vez sumaba más colombianos a su lado, fue hundida siete veces por un Legislativo que parecía al principio indolente y luego demasiado comprometido con quienes lograban que se privilegiara su interés particular en detrimento del interés general. Hoy, luego de ese paquidérmico recorrido por los laberintos del Congreso, el proyecto fue aprobado por unanimidad y ahora solo espera el estudio de constitucionalidad de la Corte Constitucional y la sanción presidencial.
Tal como fue aprobada la ley, contiene, en relación con el asbesto, el término prohibir, lo que implica que tal material no podrá producirse, comercializarse, usarse ni exportarse. Esta, que fue una de las más duras pujas en el trámite legal, es una de las claves más importantes, pues libera definitivamente a las personas del riesgo de contraer algunas de las graves y hasta mortales enfermedades que, como está demostrado, pueden derivarse del contacto directo o indirecto con el asbesto.
Entre todos los cientos de casos de personas que han muerto por causa del asbesto en Colombia, está el de la periodista en cuyo honor se bautizó la nueva ley: Ana Cecilia Niño, una joven mujer que murió luego de varios años de soportar un mesotelioma, un tipo de cáncer que se desarrolla en los tejidos de los pulmones y que se origina por culpa del asbesto. Entre otras consecuencias, la enfermedad hace que se produzca un derrame pleural, que consiste en la acumulación de líquido en las capas de los tejidos de los pulmones y la cavidad torácica.
Esta mujer dedicó sus últimos años de vida, en compañía de su esposo, a luchar contra el asbesto y a hacer de su caso una causa nacional, en un esfuerzo gigantesco de relaciones públicas y exposición en medios masivos y redes sociales, mientras afrontaba su doloroso y limitante estado de salud.
Pero esta semana el sacrificio de Ana Cecilia Niño tomó sentido. Su esposo, Daniel Pineda, quien le prometió continuar con su lucha después de su muerte, cumplió su palabra y quienes se unieron a él para mantener sobre el Congreso la presión por la aprobación de la ley tuvieron, más de una década después de comenzar, motivos para celebrar que en adelante se podrá proteger la salud de muchos. Por todo esto, para los colombianos ha sido bienvenida la ley contra el asbesto y, sobre todo, es bienvenido el homenaje a la mujer que perdió su vida luchando por defender la de los demás.